Relatos

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>> Las ratas te harán compañía <<
Estaba tan pendiente de su cazadora —que, paradójicamente, siendo negra se veía como azulada— que no se había dado cuenta de que se había girado para hablarle. Ella estaba segura de no haberse movido del sitio, aunque ahora dio un paso lateral y por alguna razón temió que el suelo cediese bajo sus pies. Se agarró a su brazo, y él la guió hacia lo que debía de ser la izquierda.

>>Tensión<<
—¿H...?
Ni él mismo se oye. El profesor le ensombrece con aquello que farfulla y escribe en la pizarra. Una de sus compañeras, la que también lleva gafas, emite una risita.
—¿Has... acabado ya? Me parece que lo... —logra empezar a decir nuestro estudiante con sudores diversos.
—No, enseguida te lo doy.
Tchac tchac tchac.
Nuestro estudiante observa con los cristales empañados cómo su portaminas vomita un nuevo trozo de mina bajo los focos lejanos del aula, trozo que cae a continuación, lánguido, sobre el folio que no le dejan ver. El trozo de mina rueda mesa abajo hasta desaparecer en el pantalón raído del “rastas”.

>> Bella Vista <<
Lucrecia ya era real. Antes de mi sueño, incluso durante, no tenía nombre. Ya lo tenía, ella y su mundo, y su espacio: Bella Vista, mi propio pueblo camuflado para que fuese ella y no yo quien lo habitara. Y no sólo tenía nombre, sino que tenía apariencia, voz, pensamientos, vida; una vida a la que yo había de poner fin en algún momento, enterrándola bajo la tierra de la que están hechas las novelas.
>> Electrizado <<
Te espero cada noche, al apagar las luces. No te oigo entrar, pero lo noto en mi piel. Entonces abro los ojos y veo suspendidas en el aire las líneas resplandecientes que conforman tu silueta. A veces me pregunto si eres real, me asusta que puedas ser una alucinación, un producto de una enfermedad pasajera. Pero mis temores se disuelven en la oscuridad de mi cuarto cuando tus curvas brillantes se dibujan sobre mí. Es ahora cuando mejor imagino tus formas de mujer; filigranas brillantes que te recorren y se concentran como mapas térmicos: tus manos, tus senos, tu boca. Y cuando vuelvo a pensar que no existes, que eres como el negativo de una fotografía, mi cuello se arquea, mi cabeza se hunde en la almohada; la boca abierta, no exhalo nada, no respiro, mi torso se eleva sobre el colchón, y el calambrazo me recorre el bajo vientre, y se concentra en mi sexo.
>> King Kong Solidario <<
Microrrelato perteneciente al catálogo expuesto en Sitges '08, en el que podemos encontrar a los miembros de Nocte y a colaboradores como Marcelo Choren, Mariana Scumburdis, Mar Mara y Marta Querol Benéch.
>> El Bibliotecario <<
El descolorido libro toca con insolencia la pálida piel de la muchacha, pero el anciano bibliotecario se guarda bien de retirar sus nervudas manos de la asustadiza joven, que da un paso hacia atrás, c asi sosteniéndose tras el inesperado peso del préstamo.
>> Deseo "carnalizado" <<
Ya no se escuchaban pasos insistentes ni resuellos agresivos; ya no se sentía tan intensos los latidos, ni le zumbaban los oídos por el eco de los gritos de su chica. La misteriosa y delgada silueta de manos alargadas ya no alzaba sus extremidades bajo contadas estrellas ni removía la vegetación con rabia segadora. Iba siendo el momento de canalizar la activación fisiológica en algo más placentero que el terror.
>> Julio el Guapo <<
Entra Julio el Guapo, siempre hay alguien que le saluda junto a la estridente máquina recreativa. Viene a tomarse algo, seguro. Bartolo no puede atenderle: le escucho discutir con el borracho y con el otro, (el butanero, creo); también le escucho resoplar, dar manotazos en la barra (seguro que se ha manchado con el café derramado) y casi puedo sentir cómo pierde la paciencia, y me la hace perder a mí también. No posee el aplomo de Julio el Guapo, ni mucho menos.
>> D-L (Dos lápidas) <<
Cuando la noche comenzaba a verse caer a través de la ventana de la ruidosa y húmeda taberna, ya había consolidado su decisión. Visitaría el cementerio furtivamente, de noche, y levantaría las tumbas de los herejes en busca de algún indicio que le ayudara a cerrar su investigación. Una idea atrevida, un presentimiento poderoso. Cogió su zurrón y, sin despedirse del tabernero con quien tan buenas migas había hecho, salió de la taberna y dio un rodeo por las granjas rumbo al cementerio.
>> La naturaleza es cruel <<
Mientras endereza la trayectoria del todoterreno, los faros barren al pasar la figura retorcida de un alcornoque asomando por entre los arbustos y los pinos.
—Mira, Flor, al final sí que eran típicos los alcornoques de esta zona —dice con los ojos húmedos y el estómago dolorosamente encogido.Una ráfaga de viento agita las ramas de los árboles que le rodean, aunque a Emilio le ha dado la impresión de que solo se agitaban las del alcornoque. De hecho, al tomar la siguiente curva, por el retrovisor ha creído ver cómo el árbol retorcía su rojizo tronco para observarle desaparecer en el cambio de rasante.

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