Relatos

>> Las ratas te harán compañía <<
Ella, que instintivamente había subido las piernas sobre la cama, siguió viendo en su mente la cara arrugada de su novio mirando bajo la cama, con esos labios casi morados y ese cuello oscuro de la cazadora. El tacto de la colcha era áspero y más caliente de lo que esperaba, o quizá era que había empezado a sudar. Su novio había chocado contra uno de los muebles, pero sus gemidos no eran demasiado audibles bajo la terrible certeza de la presencia de pequeños animales.

>> Bella Vista <<
Lucrecia ya era real. Antes de mi sueño, incluso durante, no tenía nombre. Ya lo tenía, ella y su mundo, y su espacio: Bella Vista, mi propio pueblo camuflado para que fuese ella y no yo quien lo habitara. Y no sólo tenía nombre, sino que tenía apariencia, voz, pensamientos, vida; una vida a la que yo había de poner fin en algún momento, enterrándola bajo la tierra de la que están hechas las novelas.
>> El Bibliotecario <<
El descolorido libro toca con insolencia la pálida piel de la muchacha, pero el anciano bibliotecario se guarda bien de retirar sus nervudas manos de la asustadiza joven, que da un paso hacia atrás, c asi sosteniéndose tras el inesperado peso del préstamo.
>> Deseo "carnalizado" <<
Ya no se escuchaban pasos insistentes ni resuellos agresivos; ya no se sentía tan intensos los latidos, ni le zumbaban los oídos por el eco de los gritos de su chica. La misteriosa y delgada silueta de manos alargadas ya no alzaba sus extremidades bajo contadas estrellas ni removía la vegetación con rabia segadora. Iba siendo el momento de canalizar la activación fisiológica en algo más placentero que el terror.
>> D-L (Dos lápidas) <<
Cuando la noche comenzaba a verse caer a través de la ventana de la ruidosa y húmeda taberna, ya había consolidado su decisión. Visitaría el cementerio furtivamente, de noche, y levantaría las tumbas de los herejes en busca de algún indicio que le ayudara a cerrar su investigación. Una idea atrevida, un presentimiento poderoso. Cogió su zurrón y, sin despedirse del tabernero con quien tan buenas migas había hecho, salió de la taberna dando un rodeo por las granjas rumbo al cementerio.
>> La naturaleza es cruel <<
Mientras endereza la trayectoria del todoterreno, los faros barren al pasar la figura retorcida de un alcornoque asomando por entre los arbustos y los pinos.
—Mira, Flor, al final sí que eran típicos los alcornoques de esta zona —dice con los ojos húmedos y el estómago dolorosamente encogido.Una ráfaga de viento agita las ramas de los árboles que le rodean, aunque a Emilio le ha dado la impresión de que solo se agitaban las del alcornoque. De hecho, al tomar la siguiente curva, por el retrovisor ha creído ver cómo el árbol retorcía su rojizo tronco para observarle desaparecer en el cambio de rasante.
>> El cuento de Mercedes y Javier <<
¡Qué estúpido era todo esto! ¿Qué hacía él en medio de ninguna parte caminando, arriesgándose a caer al agua? ¿Qué hacía él allí solo en la oscuridad?
¿Y por qué le costaba tanto regresar?Ninguna de esas preguntas tenía respuesta. Pero había algo que ahora estaba bien claro: quería volver a la cueva de donde partió. Quería escapar de ese descenso imparable a ninguna parte. Y eso le dio fuerza, le dio el calor suficiente para no tropezar, para encontrar la silueta del camino de vuelta.
>> Mosquito <<
Estás frente a mí y busco tus ojos. Sé que son verdes, pero poco más; sé que tengo que buscar ahí, porque el resto de tu rostro es una máscara bien entrenada. Es difícil entrar en ellos; apenas si puedo entrar en tus gafas, donde puedo ver reflejada la luz de las lámparas como el brillo que desearía para tu mirada. Me siento como el mosquito que se topa una y otra vez contra el cristal.